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Brasil y las cadenas globales de valor

  • Foto del escritor: IBREI
    IBREI
  • hace 1 hora
  • 3 Min. de lectura

Últimamente se habla mucho sobre la necesidad de insertar a Brasil en las cadenas globales de valor y que esto sería la solución para el desarrollo económico del país.

El diagnóstico del “paciente brasileño” indica que se encuentra alejado y fuera de las cadenas globales de valor. En este contexto, “alejado” no se refiere únicamente a la ubicación geográfica, sino también al entorno de negocios y a la cultura empresarial vigente.

Brasil todavía piensa mayormente en parámetros nacionales y poco en parámetros internacionales, tanto a nivel institucional como empresarial. Esto se refleja, entre otras cosas, en la forma en que Brasil comunica sus intereses a nivel internacional y en cómo las empresas brasileñas se insertan en el mercado internacional y en las respectivas cadenas globales de valor.

La inserción de Brasil en las cadenas globales de valor depende de la aceptación del país como actor dentro de dichas cadenas. Esta aceptación, a su vez, depende de la percepción de Brasil en el entorno global. Actualmente, Brasil no cuenta con una política ni canales de comunicación internacionales claros, ni con intereses definidos. Lo que se percibe del país en el plano internacional es una cacofonía desorganizada, que impacta negativamente en la percepción e imagen del “paciente brasileño”.

Las cadenas internacionales de valor no son estructuras abstractas, sino que surgen de relaciones empresariales y de la aceptación de los productos por grupos de consumidores.

Por ejemplo, en la cadena de valor de la industria textil, las empresas del sudeste asiático tuvieron que mejorar las condiciones laborales tras masivas protestas y amenazas de boicot por parte de consumidores en la Unión Europea.

Las grandes marcas presentes en las cadenas globales de valor son exigidas por consumidores cada vez más conscientes sobre sus procesos productivos. La imagen y el contexto de producción afectan directamente la aceptación y el valor de las marcas, así como su percepción en los mercados. Un aspecto clave es el ambiental, en especial la sostenibilidad, la trazabilidad y el impacto de la producción sobre el medio ambiente.

Un ejemplo de esto es la reciente falta de aceptación de ciertas grandes marcas brasileñas en el segmento de jugos cítricos en la mayor cadena de supermercados de Alemania, tras protestas de consumidores locales por motivos ambientales.

En este contexto, podemos afirmar que la inserción de Brasil en las cadenas globales de valor depende intrínsecamente de la percepción y solución de la cuestión ambiental.

Las más recientes decisiones políticas en Brasil perjudican gravemente esta inserción, dañando la percepción del país como actor global y, por ende, la aceptación de la “marca Brasil” en las cadenas productivas y por parte de los consumidores.

Además, la inserción de Brasil requiere la presencia local de empresas brasileñas. La cultura empresarial y el bajo grado de internacionalización son grandes obstáculos. En un mundo globalizado, las empresas brasileñas deben estar presentes en los mercados y interactuar proactivamente con sus clientes y consumidores.

Esto aún no ocurre de manera satisfactoria. El bajo grado de internacionalización no corresponde a las ambiciones de un actor global.

En otras palabras: you need to be global, in order to play globally.

Aún falta mucho para que Brasil sea percibido como un global player empresarial.

La inserción de Brasil en las cadenas globales de valor se logrará a través de la inserción de empresas brasileñas en dichas cadenas.

Suministrar commodities a las cadenas globales de valor no significa insertar a Brasil, sino continuar como proveedor extractivo, dejando que otros agreguen valor a los productos brasileños.

Paulo Henrique Boelter - Representante Internacional del IBREI en Berlín


 
 
 

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